Tu Camino A Cristo
Una aventura del alma
Propósito de Tu Camino A Cristo
¿Crees que cuando mueras vas para el cielo? ¿Cómo convencerías a Dios de que te deje entrar? ¿Eres lo suficientemente bueno? ¿Es posible saberlo desde ahora? De tu respuesta a estas preguntas sabrás si entiendes o no el Evangelio y el plan de Dios para la humanidad y lo puedes contrastar con lo que actualmente crees. ¿Es tu fe suficiente? Todo lo anterior está explicado en la serie de 6 publicaciones de El Evangelio, que te llevará paso a paso para una mejor comprensión de tu camino a Cristo.
Dar al cristiano común y corriente una idea global de lo que es el cristianismo, con algo de contexto, sin que tenga la necesidad de convertirse en un teólogo para hacerlo, a la distancia precisa de dar clic en este Blog.
Dar acceso a la verdad del Evangelio, desde la perspectiva Bíblica. Aquí solo presentamos argumentos humanos, un resumen de lo que han interpretado muchos eruditos cristianos a través de la historia. La verdadera enseñanza que transforma al individuo, la da el Espíritu Santo a cada creyente.
Dar a los creyentes el conocimiento necesario para que no se dejen engañar de tantos lobos que pululan por doquier, ansiosos de ganancias deshonestas; para que pueda, desde un principio, entender verdades básicas, que no siempre se dicen en los púlpitos.

Mi confesión de fe:
- Dios es el creador de todo lo que existe, por medio de Jesús.
- Jesús es el Verbo, el Hijo unigénito del Padre celestial, que vino en carne a este mundo para salvarnos.
- El Espíritu Santo es la tercera persona de la trinidad y quien santifica al creyente.
- La fe en Jesús, en quien es, en lo que dijo y en lo que hizo (su sacrificio en la cruz), nos da la salvación.
- Somos salvos por fe, solo porque Dios así lo quiso. De Él es toda la gloria y el mérito, no nuestro.
- La Biblia es la palabra de Dios.
- La Biblia es la Palabra de Dios y lo que creo está basado en ella.
- Con el pecado original, el hombre fue expulsado del Edén y ha de trabajar con fatiga por su sustento, perdió la vida terrenal eterna, perdió la inocencia y obtuvo culpa, verguenza y miedo, y principalmente, perdió la comunión directa con Dios. No perdió la capacidad de creer.
Un Resumen de mi camino a Cristo.
En 2001 aún era parrandero, alejado de cualquier comportamiento cristiano y me sentía orgulloso de mi carrera profesional (hoy sé que eso no solo carece de valor alguno ante Dios, sino que, por el contrario, puede entorpecer tu camino a Cristo). Me consideraba una persona intelectual, libre de dogmas. Lo curioso es que ese mismo orgullo me llevó a una reflexión que me confrontó: ¿cómo puedo llamarme intelectual si ni siquiera conozco el libro más importante de la historia? Fue entonces cuando me propuse leer la Biblia.
Inicialmente, al llegar a partes que en ese entonces consideraba «muy aburridas», me desesperaba y dejaba de leer; pero mi orgullo me obligaba a retomar la lectura, de modo que me propuse a terminar de leerla como si fuera una novela; sin más expectativa que conocerla de manera global, y ahí empezó mi camino a Cristo.
La leí en más o menos un mes y medio, aprovechando unas vacaciones; como dije antes, como si fuera una novela, sin parar a reflexionar mucho, solo conocer superficialmente la historia. Pero muchos de sus libros me dejaron impactado. Capté una gran sabiduría y mi orgullo intelectual disminuyó (luego siguió disminuyendo cuanto más aprendía), a la vez que crecieron mis ansias de conocer más.
Yo venía de una familia creyente y nos formaron en el catolicismo: yendo a la iglesia, cumpliendo con los sacramentos, confesiones, devociones e idas a misa los domingos. Tenía curiosidad por saber cuándo se habían formado todos esos rituales que seguíamos cuando éramos muy jóvenes, pero ¡oh, sorpresa!, no solo no los encontré, sino que encontré oposición total a prácticas que seguíamos cotidianamente.
Yo esperaba hasta llegar al capítulo final para ver si hablaban de todas estas cosas, pero no. Me quedé de piedra. No sabía que pensar. Entendía que La Biblia era el libro sagrado del cristianismo, pero no sabía que las «tradiciones» la habían reemplazado. Lo poco que sabía de la religión católica (no conocía su teología, sino lo que practicábamos comunmente) se empezó a derrumbar ante la evidencia de lo que decía la Biblia, y de lo que no decía. Aunque no era un cristiano «practicante», si creía en Dios y en Jesús (bueno, a mi manera), y de pronto mis creencias (si es que pudieran ser llamadas así) quedaron sin sustento. Las bases que soportaban aquello en que había creído se habían derrumbado. ¡Increible! ¿Cómo fué que llegamos a la situación actual?
Tras algunas investigaciones encontré cuándo se implementaron algunas de esas costumbres:
- Las oraciones por los muertos: del año 150 al 300 d.C.
- El desarrollo de la jerarquía sacerdotal: del año 250 al 450 d.C
- La importancia de María como ayudante en la redención: a partir del 431 d.C.
- El purgatorio: Del 593 al 1274 d.C.
- El uso de imágenes y estatuas que son «veneradas» en las iglesias: 787 d.C.
- Celibato de los sacerdotes: 1123 y 1139 d.C.
- La confesión obligatoria: 1215 d.C.
- La comunión (transustanciación): 1215 d.C.
- El Rosario: Del 1214 al 1569.
Nada de lo que hacíamos cotidianamente había sido instituido por Cristo o los apóstoles, y de hecho, el uso de estatuas e imágenes estaba expresamente prohibido en los mandamientos [la iglesia católica se salta el segundo mandamiento (Éxodo 20:4-6; Deuteronomio 5:8-10) y al final divide el último en dos (Éxodo 20:17 – Deuteronomio 5:21)].
Sobre el culto a María y a los santos como «intercesores», la Biblia es muy clara cuando dice que sólo hay un mediador entre el cielo y la tierra. Sólo uno: Jesucristo. No María, no la iglesia, solo Jesucristo hombre (1 Timoteo 2:5).
Jesucristo enseña que, cuando oremos, no lo hagamos con vanas repeticiones (Mateo 6:7-8); y eso es, justamente, en lo que se convierte el rosario: una serie de oraciones repetitivas que se hacen vanas cuando se recitan mecánicamente y sin discernir lo que se dice.
Por otra parte, y dejando a un lado mi perplejidad, vi que la Biblia estaba totalmente interconectada, de principio a fin; era una sola historia, pero que tocaba diversos temas una y otra vez. Suponía que existían estudios temáticos al respecto, de modo que empecé a indagar. ¿En dónde? Pues en las iglesias católicas, ¿dónde más? (Internet solo estaba en ciernes). Y me llevé entonces otra sorpresa: no había estudios bíblicos, sino catequesis (estudio de su doctrina, sus dogmas y los sacramentos de la institución). No, no era eso lo que buscaba: quería estudiar la fuente misma, la Palabra de Dios.
En mi ruta diaria al trabajo había una iglesia evangélica, y un fin de semana me acerqué para ver si ellos tenían disponible estudios bíblicos. Sí los tenían, para todo el que quisiera: cortos (1 semestre), medianos (3 años) y largos (5 años). No había posibilidades de que yo me convirtiera en evangélico, de modo que les pregunté si aceptaban católicos y me dijeron que sí. Les dije que yo no pensaba dejar de ser católico, y me respondieron que no había problema. De esa manera me inscribí en el curso corto.
Me compré una Biblia de estudio, con concordancias. En dicho curso me dijeron tantas cosas increíbles para mí, diferentes a las que había escuchado toda mi vida, que llegaba todas las noches a mi aparta-estudio a revisar la Biblia (por primera vez empecé a salir temprano del trabajo), los conceptos que me estaban enseñando y todas sus concordancias. Me decía a mi mismo: «no me van a meter los dedos en la boca». Me quedaba hasta tarde en la noche investigando. Todo era maravilloso, difícil de creer para mí, pero todo era cierto; ahí estaba.
No quería ser evangélico, todo mi ser rechazaba esa idea, pero ante la evidencia bíblica, terminé cediendo: empecé a asistir a su iglesia, y mi etapa de investigación y crecimiento siguió durante el resto de mi vida.
Pero la iglesia evangélica tampoco está libre de tropiezos. Por allí también habían cosas feas, y entre ellas resalto algunas que muchos conocen:
- El «Cobro» de diezmos. No es algo malo en sí mismo, toda iglesia necesita vivir de sus feligreses; pero de ello se aprovechan muchos lobos en busca de ganancias deshonestas. Y el énfasis en dicho «cobro» es excesivo en muchas iglesias.
- La «venta» de la prosperidad. Básicamente te dicen: «Dios te ama y te quiere prosperar, solo debes tener fe. Manifiesta tu fe sembrando lo material para que coseches lo espiritual». Son maestros de la tergiversación para beneficio propio.
- Los «profetas» vendedores de humo. Pululan y buscan lo mismo: ganancias deshonestas.
¿Quiere esto decir que también están erradas?
No todas, y no en todo.
Algo muy bueno es que se basan en La Biblia, que es La Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:20-21). Es una base totalmente sólida, que no cambia; no está sujeta al vaivén del pensamiento humano, ni de la cultura imperante a través de los siglos. ¿Que hay lobos que la tergiversan para beneficio propio? Sí, ¡pero eso no la invalida! Solo hace que debamos ser más cautos para saber a quien escuchar y evaluar lo que se escucha, con el fin de no ser engañados por todo viento de doctrina. Jesús alababa a la iglesia que «probaba» a sus pastores (Apocalipsis 2:2; Hechos 17:11; 1 Juan 4:1; 1 Tesalonicenses 5:21).
Por otra parte, también en las iglesias evangélicas hay divisiones de pensamiento, a veces 180° la una de la otra, y en ambas partes se encuentran teólogos de renombre. Pero en lo fundamental, básico y más importante, en el mensaje de la salvación (El Evangelio), la mayoría coincide.
Por eso decidí crear este sitio web. Para dar una síntesis de la doctrina cristiana para que, conociéndola, no caigas bajo el engaño de aquellos que quieren aprovecharse de tu fe genuina para beneficio propio, ni de otros que, aunque de buena fe, siguen enseñanzas erradas. Los invito a empezar en el Blog, en El Evangelio.
Más adelante, en unos años, si Dios quiere, presentaré aquí también esas doctrinas que dividen; no ahora.
